jueves, 13 de marzo de 2008

la universidad y el sector productivo: una alianza impostergable

gran Encuentro (UCLA) universidad – Sector Productivo

12 de marzo de 2008-03-11 hotel jirahara, barquisimeto

la universidad y el sector productivo: una alianza impostergable

Por

Fausto Izcaray Yépez, Ph.D.[1]

Consultor Empresarial

Profesor Titular (Jub.), UPEL

Profesor Invitado de las siguientes instituciones:

UCLA - LUZ

IESA

USR

Smithsonian Institution, Washington, D.C., USA

Universidad de Wisconsin – Madison, USA

INTRODUCCIÓN – ANTECEDENTES DE UN DIVORCIO HISTÓRICO

Las universidades públicas de Venezuela han venido funcionando bajo un paradigma general de divorcio histórico con el sector productivo privado. La actual coyuntura plantea retos que señalan una impostergable alianza estratégica en aras del bien nacional.

Nuestras universidades públicas tienen un origen: la creación en 1721 de la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Esto predispone la orientación que luego tendrá este tipo de institución en Nuestro País. La Historia nos informa que el origen de la universidad se puede rastrear hasta los conventos de monjes en la temprana Edad Media, en donde importantes documentos antiguos, base del conocimiento humano, tales como los escritos de los filósofos griegos, fueron guardados celosamente por los copistas de los monasterios. Posteriormente, los estudiosos que se fueron formando en esos centros religiosos se convirtieron en los profesores que, totalmente financiados por sus alumnos, se instalaban en ciudades tales como Bolonia, en lo que hoy es Italia. Es decir, el origen de las universidades es privado puesto que surge de acuerdos o contratos entre alumnos adinerados y excelentes profesores que formaban los llamados “Estudios Generales”, los cuales evolucionan hasta convertirse en universidades.

Al principio, eran organizaciones privadas, que se auto regulaban por acuerdos entre Profesores y Alumnos, bajo el amparo de catedrales y conventos, y, por tanto, mayormente educaban clérigos. Las autoridades serán elegidas por ambos grupos y los profesores tenían que ser muy buenos para atraer estudiantes quienes los evaluaban y recomendaban o no sus enseñanzas a otros estudiantes. Eran pues permanentemente evaluados por quienes les pagaban su salario. Luego, el prestigio de esos Estudios Generales fue dando pie para que recibiesen el reconocimiento de la iglesia y de reyes y emperadores. De allí en adelante, el objetivo principal de estas instituciones fue preparar funcionarios tanto para la Iglesia (teólogos, eruditos, etc.) como para el estado. Se enseñaban principalmente derecho, medicina y teología.[2] Prestigiosas universidades en España, Francia, Inglaterra culminan consolidándose en los siglos XII y XIII. Las Universidades de Europa Central (Heidelberg, Viena, Colonia y otras) surgen un poco tardíamente en el S XIV.

EDAD MODERNA

Con la Reforma se produce una gran división entre las universidades. Mientras que las de Europa Central se hacen focos de discusiones del protestantismo y de las nuevas corrientes científicas, las de España y la península Ibérica, bajo el control, ecuménico, se cierran obstinadamente a las nuevas corrientes de la ciencia y la filosofía. Fue el momento del mayor auge de las universidades españolas como la de Salamanca y Alcalá de Henares, cuyo modelo organizativo y orientaciones siguieron las Universidades de Santo Domingo (1538) y la de México (1553). La Real y Pontificia Universidad de Caracas fue fundada bajo la dependencia y orientación de la Universidad de Santo Domingo.

Con la Revolución Francesa, que acaba con las viejas corporaciones medievales, se rompe el dominio de la Iglesia sobre las universidades y termina imponiéndose el modelo educativo napoleónico que concebía al sistema educativo como un todo diseñado por y para los objetivos del Estado, y la universidad era el último eslabón en ese sistema. Todavía, hoy en día, la universidad francesa es mayormente orientada por ese modelo, que es el paradigma predominante en profesores que estudiaron en universidades galas, algunos de los cuales ocupan importantes cargos en el gobierno nacional. Por su parte, las universidades británicas continuaron fieles a su modelo de autonomía medieval. Así Cambridge y Oxford siguieron impartiendo las enseñanzas tradicionales. Por ello, el inmenso aporte que el Reino Unido hizo al mundo durante la primera revolución industrial se produjo al margen de las universidades.

Por el contrario, las universidades Norteamericanas, al principio bajo la orientación de las británicas, luego de la independencia prefieren tomar los modelos de las universidades alemanas que habían evolucionado poniéndose a la cabeza de los avances en las ciencias y en las humanidades. Más aún, las universidades norteamericanas se caracterizaron por la inclusión de enseñanzas prácticas de técnicas agrícolas y comerciales, desdeñadas por las elitescas universidades europeas. Así, la Universidad de Wisconsin (mi segunda Alma Mater), ubicada en Madison, la pequeña capital de ese estado, nació como escuela de Agricultura, porque esa era y es la principal actividad de ese estado cuyo lema en las placas de los automóviles dice “la tierra de la leche” o dairyland.

EL HISTÓRICO DIVORCIO UNIVERSIDAD PÚBLICA SECTOR PRIVADO

Es comprensible que si el modelo original de nuestra Alma Mater, la que posteriormente se llamó la Universidad Central de Venezuela, fue el de las universidades españolas, se mantuviera el sesgo de la corporación medieval, con sus correspondientes escrúpulos hacia lo que es considerado la actividad privada, con fines de lucro. Si bien, los líderes de nuestra independencia terminaron con la dependencia ecuménica de nuestras instituciones de educación superior, el modelo adoptado fue el napoleónico, cuyo sesgo es educar para el Estado, en mayúscula. A eso debemos añadirle que, por ser Venezuela un país productor de petróleo, el poder político, el gobierno y el Estado, desde el Gobierno del General Gómez a esta fecha, se desarrollaron con base en el ingreso petrolero o sea independiente del aporte fiscal del sector privado, hasta el punto en que éste último es considerado por muchos políticos casi como un apéndice del poder petrolero del gobierno.

Pensadores y analistas tanto venezolanos como colombianos afirman que mientras que el Estado y el Gobierno de Colombia promueven el desarrollo del sector privado como fuente principal de sus ingresos fiscales, en Venezuela el sector político hace lo contrario: restringe, frena y regula en demasía al sector privado porque (erróneamente) cree que no lo necesita para el desarrollo del país. Es un enfoque malsano, y yo diría que patológico, producto de la distorsión común en los petroestados. Las gravísimas consecuencias de esa “enfermedad infantil de la prepotencia del estado pertolero” las estamos viviendo en estos momentos, todavía en una etapa inicial porque el impacto negativo no lo estamos sufriendo en su totalidad, por ahora.

Las universidades públicas han mantenido a través de décadas un divorcio histórico con el sector productivo privado, marcado por una mutua desconfianza e incomprensión. El origen de esa lamentable brecha se encuentra en múltiples factores, entre los cuales cabe destacar: 1) La concepción napoleónica del papel de la Universidad en el sistema educativo mantenida por los sectores políticos que han gobernado el país desde Guzmán Blanco hasta ahora. 2) La dependencia total de las universidades públicas del presupuesto nacional basado en ingresos petroleros. 3) La politización de los distintos cuerpos sociales de las universidades, hasta llegar a la creación de feudos político-partidistas en sus escuelas, decanatos y facultades. 4) La falsa creencia, originada por las doctrinas religiosas y por las ideologías de la izquierda marxista que condenaban el enriquecimiento como algo pecaminoso o casi pecaminoso. Así, la ideología del Estado ha promovido por muchas décadas una desconfianza hacia las actividades “con fines de lucro”. Eso, en estos momentos es llevado a los más graves extremos cuando se afirma desde el poder que “ser rico es malo”. Aunque podríamos afirmar que eso sólo se aplica en la propaganda oficial para la riqueza lograda con el trabajo productivo. No observamos que se condene las evidencias de riquezas mal habidas a la sombra de los cargos públicos.

En el sector privado, probablemente porque en el proceso de politización de las universidades la izquierda insurreccional tuvo su resguardo y su fuente de inspiración en las universidades en la década de los años sesenta y de los setenta, se creo también un muro de desconfianza hacia el sector universitario. Producto de eso, hubo la necesidad de buscar en nuevas instituciones universitarias privadas – IESA, UNITEC, UCAB, UNIMET – la fuente de formación de profesionales que no tuviesen un sesgo negativo hacia la actividad lucrativa, productiva y rentable del sector privado.

LA COYUNTURA ACTUAL: UNA ALIANZA IMPOSTERGABLE

Sin embargo, la actual coyuntura del país marca el hito de una nueva época para ambos sectores: las universidades públicas y el sector productivo. Ambos se encuentran peligrosamente amenazados por la política oficial que pretende:

1) Destruir las bases de la acción independiente y autónoma, con libertad de expresión y de acción, para ambos sectores. En el caso de las universidades ven amenazada la autonomía universitaria, en un intento por llevar el modelo napoleónico al modelo cubano – soviético de sometimiento a la voluntad del poder ejecutivo. En el caso del sector productivo nacional, su supervivencia es gravemente amenazada por los intentos de control y de destrucción del ordenamiento jurídico que le garantiza su existencia. Así observamos con estupor que se le atropella con confiscaciones abusivas, usando para ello la fuerza armada nacional, y se le amenaza constantemente desde las más altas esferas del poder oficial.

2) La globalización impone niveles de innovación y de competitividad cada vez mayores y con mayor velocidad en sus cambios. Esto implica para el sector productivo privado la perentoria necesidad de buscar el capital humano suficientemente preparado para lograr los más altos niveles de desempeño en las actividades productivas y de servicios. También implica, la necesidad de usar los resultados de investigaciones para lograr innovaciones que produzcan una mayor competitividad y efectividad, eficiencia y eficacia en sus procesos productivos y de servicios. Por ende, para las universidades representa esto una gran oportunidad de trabajar en conjunto para satisfacer las necesidades del sector privado, actualizando sus curricula, y fomentando las investigaciones que coadyuven al logro del éxito del sector productivo nacional.

3) Se impone pues, en lugar del divorcio histórico, la asociación estratégica que permita la comprensión y aceptación de ambas partes de sus respectivos roles. Que el sector privado acepte el pensamiento siempre crítico de la universidad, ahora alejado de las arcaicas corrientes marxistas, pero que seguirá siendo fuente de cambios necesarios en la sociedad, dentro de la democracia, la libertad de pensamiento y la libertad de empresa. Por parte del sector universitario, es indispensable un cambio profundo de paradigma que le permita aprender a ponerse el sombrero del emprendedor, involucrarse intelectualmente y emocionalmente, de ser posible con vivencias, en la dinámica de la vida empresarial. Los libros de texto no son suficiente fuente de conocimientos para comprender en profundidad la dinámica del sector productivo.

4) En este sentido recomendamos la realización más frecuente de actividades como ésta. El desarrollo de un verdadero momentum de acuerdos, contratos y asociaciones con el sector productivo. Esto implica, trabajar en el cambio de la cultura organizativa de las universidades que tiene valores, costumbres y conductas que se apartan sustancialmente de la dinámica necesaria en el sector productivo. La vida de las universidades públicas lleva un tempo (sentido de la velocidad de acción y de respuesta) muy diferente al de la empresa privada. Su compleja red de intereses gremiales y sindicales así como la maraña de reglamentos no facilitan la oportunidad de respuesta. Un proyecto con una empresa privada no puede supeditarse a que cualquiera de los gremios paralice las actividades con demasiada frecuencia o a que los niveles de exigencia sean tan laxos que no logren ni el más mínimo nivel de eficiencia y afecte gravemente la productividad.

5) Actualizar permanentemente sus curricula de manera de producir los profesionales y técnicos que demanda el mercado en el sector productivo. Realizar periódicamente estudios de pertinencia social del currículo de cada carrera.

Son muchos los retos que tiene el sector universitario para liderizar los cambios que los pongan a la altura de las exigencias de nuestra sociedad y, en especial del sector productivo nacional, en la actual coyuntura. Estos retos están más allá de la retórica complaciente de eventos como éste. Son retos muy reales. No obstante, nunca habían existido condiciones reales tan propicias para la gran alianza impostergable entre la universidad venezolana y el sector productivo. Es la hora de tomar decisiones trascendentales propias de un liderazgo transformador que ayude a rescatar una sociedad próspera en la cual todos los sectores se sientan aceptados incluidos y con oportunidades de superarse para lograr susmetas de vida. Eso sí, dentro de un sistema democrático en el cual todos podamos convivir en paz.

Muchas gracias.



[1] El autor agradece a la Directora de Planificación de la UCLA, Prof. Prof. Rosalinda Martínez, por la invitación a dar estas palabras en el marco del Gran Encuentro Universidad Sector Productivo, realizado el 12 de marzo de 2008 en el Hotel Jirahara, Barquisimeto, Estado Lara.

[2] Enciclopedia Hispánica, Barsa International Publishers, Inc. Tomo 14, Pags. 159-161.