martes, 9 de febrero de 2010

Murió secuestrado don Mario Oropeza

Familiares y amigos:
El pesar y la rabia, unida a un sentimiento de impotencia, nos embarga a los caroreños que tuvimos el honor de ser amigos de Don Mario Oropeza, al conocer la noticia de su secuestro esta mañana en su finca Sicarigua y su posterior muerte mientras los perversos criminales que lo secuestraron lo conducían por la carretera. Todavía las autoridades realizan las experticias a su cadáver, que fue lanzado en la carretera de Quíbor a San Miguel. Don Mario fue un hombre probo, honesto, de profundos valores humanos, que crió a sus hijos en esos valores y modeló sus conductas con su propio ejemplo. Don Mario actuó con bondad, generosidad y solidaridad con su familiares, amigos y con mucha gente en momentos de necesidad de aquéllos. Su integridad ha sido un ícono en la sociedad caroreña y será una herencia que compartiremos todos en nuestros recuerdos y en nuestras reflexiones. El foso de impunidad en que ha caído nuestra nación, la perversa política de legitimación de la criminalidad y el fomento del odio desde la más alta figura del gobierno y de sus cómplices en las otras ramas del Poder Público, han creado las condiciones para que surja este horrendo escenario en el que vivimos los venezolanos hoy en día. Que un pueblo del interior, de vocación históricamente agropecuaria, con una cultura propiciadora del trabajo honesto, como medio para prosperar en la vida, se haya convertido en terreno de secuestros de mujeres, madres de familia, de hombres de todas las edades es sencillamente triste e inaceptable. Las bandas de secuestradores actúan con total impunidad en Carora, al igual que en Barquisimeto, sin que un gobierno de corte tiránico, autoritario e implacable con los demócratas que se le oponen, mueva un dedo para investigar y castigar a esos criminales. No puede la gente sino pensar, con sobrada razón, que algo, que no se hace público o explícito, justificaría esa indiferencia perversa con el crimen de toda ralea, que se siente hoy dueño de nuestro abatido país.
El secuestro y muerte de Mario Oropeza es un golpe tremendo, bajo, oprobioso, directo al corazón y la psiquis de Carora. Un hecho como éste suele marcar el punto en el cual los ciudadanos comunes y corrientes toman decisiones heroicas y definitivas que son las que cambian la historia de los pueblos.
Por los momentos, enfoquémonos en dar apoyo emocional a su viuda, Yuye Yépez de Oropeza y a sus hijos, así como a sus demás familiares. Tomemos fuerza en esta unión y en este abrazo solidario para luego cumplir con nuestro deber de gente de bien.
Barquisimeto, 9 de febrero de este aciago año de 2010

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