lunes, 8 de agosto de 2011

LOS CAROREÑOS SOMOS ÁRBOLES


Por Fausto Izcaray Yépez[1]

Hace años me pidieron una colaboración para una publicación periódica – hoy desaparecida- tal como ahora me lo pide El Caroreño. Entonces escribí que los caroreños éramos árboles, con nuestras raíces sembradas en nuestro terruño. Lamentablemente, en estos días, sentimos que nuestras raíces están raquíticas y no pueden llevarle la savia necesaria a nuestro tronco, a sus ramas, sus hojas y sus frutos porque el terreno está pobre en nutrientes. La desidia y la ineptitud han dejado a nuestro terruño descuidado y no lo han abonado a quienes por ley les corresponde. Cualquier voz que se acerque a sugerirles ideas sobre la forma de inyectarle nutrientes a la tierra en donde viven nuestras raíces, es rechazada e ignorada con saña de fanáticos por quienes deberían encabezar la marcha de sus ciudadanos hacia una visión luminosa, compartida, de un futuro como el que se merece la cuna de tanto talento.

Históricamente, los caroreños hemos sido auto- suficientes en cuanto a muchas de las innovaciones tecnológicas que son necesarias para el desarrollo de nuestra ciudad y su zona de influencia. Ejemplos de este hecho son la vieja planta eléctrica, los antiguos teléfonos de manigueta, el centro de inseminación artificial y los más importantes centros de educación como el Colegio Federal, que después devino en el Liceo Egidio Montesinos. La diferencia ha estado en que en los anteriores gobiernos, si bien no hubo apoyo financiero desde el centro del poder político, hubo tolerancia en casos y, en otros, franco apoyo. No existió nunca una amenaza inminente de confiscaciones y un clima de tal agresividad y de satanización de la actividad privada, que paraliza totalmente su inversión.

¿Cómo podríamos cambiar eso y devolverle al terruño que tanto queremos, donde nuestras raíces están afianzadas cultural y emocionalmente, la calidad de vida y el desarrollo que deseamos? Soñando y pintando con detalles el futuro brillante que se merece una ciudad con un potencial humano y creativo que resalta en el ámbito nacional.

T.A. Lawrence de Arabia, militar, historiador y leyenda británica, escribió en sus memorias, “Todas las personas sueñan, pero no todos sueñan igual. Aquellos que sueñan por la noche, en los empolvados recesos de sus mentes despiertan en el día para encontrar que todo fue vana ilusión; pero los soñadores del día son peligrosos, porque pueden actuar sus sueños con sus ojos abiertos, para hacerlos posibles”.

La Carora posible hay que soñarla despierto ya, ante la luz del amanecer que se avizora en el horizonte y que anuncia mejores tiempos, más próximos cada día.

El primer paso es crear equipos que generen ideas. Es lo que se ha denominado “tanques de cerebros”, de pensamientos, y yo añadiría de sueños. Retomar las tareas de grupos como por ejemplo el Cantón Carora, FAHOSPO, la Casa de la Cultura, los gremios de todo tipo, los núcleos universitarios y comenzar a diseñar la ciudad que queremos, con detalles suficientes para que los sueños se constituyan en proyectos. Empezar por el pacto social de los caroreños. Ejercer la “inclusión” y la unión de caroreños, tal como fue posible hacerlo en el recordado Reencuentro Caroreño en 1965. Aprovechar la creatividad de muchos jóvenes que crean mundos con la palabra y con sus visiones de futuro. Allí hay talento como crece la verdolaga en los campos. Profesionales de todos los campos del saber, técnicos, emprendedores, músicos, poetas, como la escuela de poetas de Enrique León, una iniciativa que debe servirnos de ejemplo. Los notables, con su experiencia y conocimientos que aportan generosamente cada vez que son convocados. Gentes de todas las edades y áreas, que aman su tierra y tienen profundos compromisos con su acervo histórico y humano. Soñar despiertos para diseñar planes que muy pronto deberán comenzarse. Trabajar con el más amplio espíritu de solidaridad social a la usanza de Don Chío Zubillaga, mentor de los más variados talentos que han dejado obra en la vida nacional. Convertir a ese conglomerado, hoy azuzado por el discurso perverso que promueve descaradamente un enfrentamiento fratricida, en protagonistas para retomar nuestra tradición de sociedad solidaria y de emprendedores, que siempre se ha manifestado en sus acciones y empresas, basándonos en el solo hecho de tener nuestras raíces en el amado terruño.

Los caroreños somos árboles y nuestras raíces se alimentan de nuestra historia y de nuestros corazones solidarios. ¡Comencemos ya!



[1] Comunicador, profesor y poeta.

miércoles, 18 de mayo de 2011

PENSANDO EN EL ESPÍRITU


Por Fausto Izcaray

Con frecuencia me he preguntado si puedo serle útil a mis congéneres compartiendo mis reflexiones y experiencias en estos ya largos años de mi vida. No pretendo, por supuesto, que se dé por sentado una respuesta afirmativa a esta interrogante. Mas algo dentro de mi me impulsa a hacerlo, con la mayor sinceridad que pueda ser posible en mi grado de desarrollo espiritual, y con las naturales limitaciones que la condición de humano me impone. No por ello desecho o descalifico la cualidad del humano de ser hecho “a imagen y semejanza de Dios”, como afirman las escrituras. De hecho, esta afirmación de la Biblia ofrece la oportunidad de presentar el primer escrito-reflexión, el cual se refiere a esa cualidad divina del ser humano.

El siguiente segmento es un escrito cuyo autor es el Maestro Eckhart, nacido en Hocheim, Turingia, místico neoplatónico declarado “hereje post mortem”, a pesar de haber declarado que podría haber cometido un error, “porque el error depende de nuestra comprensión, pero la herejía lo es de la voluntad”. Su sencillez a lo Francisco de Asís no le salvó de esa declaratoria infame de los inquisidores.

“El hombre exterior es el mal árbol que nunca puede dar buenos frutos…. La semilla de Dios está en nosotros. Si encontrara siempre un cultivador hábil y un jardinero diligente, crecería mucho mejor y subiría hasta Dios, del que es su semilla, y su fruto se convertiría igualmente en una naturaleza de Dios….

“Pero si la semilla encuentra a un sembrador y un cultivador locos y malos, la cizaña se mezcla allí, cubriendo y ahogando a la buena semilla, de tal manera que ésta no puede ver el día ni llegar a la madurez.”[1]

Mis reflexiones: ¿significa esto que no hay capacidad de rectificar en un ser humano con malos sembrador y cultivador? ¿Cómo debemos hacer para lograr cambiar nuestro mal camino? Eckhart responde a esto citando al maestro Orígenes, uno de los padres de la iglesia Católica.

“Pero Orígenes, un gran doctor, nos dice: como es el mismo Dios el que ha sembrado en nosotros esa semilla, el que la ha impreso en nosotros y la ha vuelto connatural a nosotros, por mucho que se la cubra o esconda, no se llegará nunca a destruirla totalmente ni a apagarla; ella continúa ardiendo y brillando, sin cesar luciendo y resplandeciendo y tiende siempre a elevarse a hacia Dios”.

¡Que así sea!



[1] Maestro Eckhart (1998). Obras Escogidas. Barceló, España: Ed. Publisamo. P. 22 y 23.