domingo, 8 de abril de 2007

EL LIDERAZGO NECESARIO

EL LIDERAZGO NECESARIO PARA EL NUEVO MILENIO
Por Fausto Izcaray
[1]


“Dos Almas, hay de mí, imperan en mi pecho y cada una de la otra anhela desprenderse. Una, con apasionado amor que nunca se fatiga, como con garras de acero a lo terreno se aferra; la otra a trascender las nieblas terrestres aspira, buscando reinos afines y de más alta estirpe”. Johan Wolfgang Goethe, Fausto.

Giles Pajou, un gerente de la rama francesa de la empresa sueca Pharmacia, definió el liderazgo como “el crear a un mundo al cual las personas quieren pertenecer” lo que resume muy bien el tema principal de este artículo. El liderazgo necesario en los próximos años, para Carora, Torres y para el mundo en general es aquel que obtenga como resultado ese deseo de pertenecer en las personas.
A la mayoría de nosotros no nos gustaría vivir en un mundo regido por el odio, la exterminación de otros seres humanos, la miseria o la violencia, tal como, por ejemplo, era la Alemania Nazi bajo el régimen del terror de Hitler. Reconozco que existen unos cuantos cultores del neo nazismo en países de Europa y en los Estados Unidos pero la tendencia general no parece estar en ese sentido. Más bien la gran corriente de los deseos humanos se dirige a buscar una orientación que le de sentido a sus vidas, dentro de una posibilidad de vivir con dignidad y paz.
En un reciente artículo de Pynchas Brener
[2], el sabio rabino, señala que los seres humanos tenemos una dualidad. Somos parte de la creación divina junto con otros habitantes de este planeta, especialmente los animales, pero al mismo tiempo el ser humano es la única creación de Dios que es capaz de tener conciencia de sí mismo y de observar esa conciencia. Yo sé que existo y me doy cuenta que en este momento pienso sobre mi existencia y ésta existe en una naturaleza a la cual puedo observar. Y yo agrego, el hombre adquiere conciencia de sí mismo, de la naturaleza y puede, separado de ambas, observarlas si llega a estados de desarrollo que le permitan el darse cuenta. Se trata de un esfuerzo por llegar más allá, por mejorar tanto su propia condición como la del mundo imperfecto en el que vive, incluyéndose en esa imperfección. De hecho, así como el humano es capaz de ese nivel de conciencia, lo que le otorga la capacidad de conversar, dialogar con la divinidad, tiene también un lazo muy fuerte, hasta ahora indestructible con las creaciones que conviven con él en la naturaleza y que lo lleva a reaccionar como los animales, instintivamente y emocionalmente, perdiendo la capacidad de observarse a sí mismo y demostrando la más abominable capacidad de una salvaje crueldad con sus semejantes. Observamos a diario cómo seres humanos asesinan, golpean y violan a otros seres humanos en nuestro propio país.
Es necesario entender que existen en nosotros dos naturalezas en constante relación dialéctica: aquella que nos recuerda que fuimos hechos “ a imagen y semejanza de Dios” y, la otra, cuyo origen metafórico está en el polvo de la tierra del cual dice la Biblia que fuimos creados, es decir el origen de un instinto bestial que nos acerca al reino animal y vegetal. En esa dualidad está ofrecida una opción que debemos escoger. ¿De qué manera va el hombre a cumplir su papel en el mundo?
Estando en un mundo imperfecto el hombre debe buscar las pistas, las señales de cuál es su misión y es su opción desde el mismo momento en que optó por comer de la fruta del árbol del bien y del mal, como acto afirmativo de separación de lo pre-establecido. El libre albedrío nos obliga a tomar responsablemente un camino: vivir para hacernos mejor y hacer mejor al mundo. En muchos de los escritos sapienciales de la humanidad se nos señala ese camino. Como lo dice Brener: “incumbe al hombre el deber de asociarse a Dios en el proceso del perfeccionamiento del universo”
[3]. Así, la afirmación de Giles Pajou que encabeza este escrito es una forma de describir la tarea de un líder, de cualquier líder en cualquier ámbito de la vida, bien sea público, social, de la comunidad, de las empresas y del espíritu, trabajar con responsabilidad por crear un mundo al cual las personas quieren pertenecer.
Por ello, estoy convencido de que necesitamos líderes capaces de crecer interiormente para que puedan llegar al nivel de conciencia que les permita observarse a sí mismos en función de un propósito mayor. En oposición a este modelo, tenemos al hombre conectado con lo más primitivo de su naturaleza e incapaz de superar sus más bajos instintos, atrapado en reacciones originadas por una visión miope, materialista e incapaz de ascender y observar un propósito más elevado de su liderazgo. Ejemplos de esto son: es el empresario incapaz de darse cuenta que su habilidad creadora y generadora le fue dada para crear prosperidad para sí, para los suyos y para los demás. Es el gobernante que se aferra a una visión maniquea y excluyente de su gestión, promotora de las más primitivas reacciones en el pueblo. Es el ciudadano que no reconoce su responsabilidad en hacer de su vecindario, su comunidad un mundo al cual todos queremos pertenecer.
¿Y cómo ayudarnos a alinearnos con ese propósito en un rol de liderazgo? Para ello sugiero el enfoque de Robert Ditls de los niveles neurológicos del pensamiento.
Nivel Espiritual: la visión. El primer paso es desarrollar una visión: ¿Cómo quiero que sea este municipio, esta nación, esta ciudad o esta organización? Es necesario conectarse con un propósito más amplio preguntándonos ¿ a qué o a quién sirvo al promover esta visión? ¿A Dios, a la humanidad, al universo, a un sistema mayor a mí tal como, la nación, o la comunidad?
Nivel de identidad: la misión. ¿Si yo tengo la visión anterior, quién soy o quiénes somos, cuál es nuestro rol en el proceso de hacer que esa visión se haga realidad?
Nivel de valores/creencias: ¿Qué valores sigo en qué creo si estoy cumpliendo ese rol para lograr que esa visión sea una realidad? En otras palabras ¿qué valores están implícitos en esto?
Nivel de capacidades: ¿Qué capacidades o habilidades tengo para llevar a cabo esa misión? ¿Qué capacidades necesito desarrollar o aprender para cumplir con éxito esa misión o rol?
Nivel de conductas: las acciones. ¿Cuáles son las conductas, las acciones que debo llevar a cabo y que me permitirán usar mis capacidades y que están en línea con mis valores para desempeñar la misión que me llevará a hacer realidad esa visión? Acá incluye los planes o programas a desarrollar en formás cónsonas con los valores.
Nivel de contextos: ¿En que sitios, ámbitos o contextos y en que tiempo voy a realizar esas acciones?
Un aspirante a líder, en el sentido de Giles Pajou, podrá alinear toda su estructura neurológica si realiza este ejercicio y escribe sus resultados. Cada vez que se encuentre confundido o estancado en un círculo vicioso es conveniente revisarlo y recordarlo. Basta con escribir los 6 niveles en papeles y ponerlos en línea en el suelo. La persona se para en el nivel de contexto y recuerda y revive lo que pensó y sintió cuando escribió el resultado de esta experiencia. Luego se mueve al Nivel de Capacidades y hace lo mismo. Paca cada nivel repite la experiencia hasta llegar al nivel espiritual de la Visión y dejar que su mente le produzca las representaciones que le conectan con algo superior. Después de sentir un tiempo lo que necesita en ese nivel superior va regresando nivel a nivel, parándose en introspección por un rato, y dejando que su mente haga los arreglos para alinearse, integralmente, con la visión, la misión, los valores, las capacidades, las conductas y los contextos, con una conciencia de propósito, en una actitud de respeto y de receptividad. Es, en definitiva, una conversación con su sabiduría interna y con lo superior. Es decidir por la opción de la responsabilidad que implica el aceptar ser una creación a imagen y semejanza de Dios.
[1] El autor es Ph.D. en Comunicación y Psicología Social. Es facilitador del curso de Liderazgo Ambiental del Smithsonian Institution en Washington y ha sido profesor invitado del IESA, Caracas.
[2] “La transformación fundamental del ser humano”, El Nacional, 23/08/2000.
[3] “Dios creó un mundo imperfecto”, El Nacional, 17/11/99.

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